La mejor manera de evitar el COVID-19 consiste en mantener el distanciamiento social

La mejor manera de evitar el COVID-19 consiste en mantener el distanciamiento social

Por: Doctor Akbar Fuenmayor

Soy pediatra intensivista desde hace 30 años, esa especialidad médica me ha puesto en contacto con la lucha por la supervivencia de niños gravemente enfermos y con la angustia que provoca esa terrible circunstancia en sus familias y en quienes los cuidamos, pero también me ha convertido en testigo presencial de la determinación por salvarlos. Les hablo pues, desde esa visión. No quisiera utilizar el recurso del miedo para hablarles de la enfermedad COVID19. Pero sería insensato ignorar que esta enfermedad es una amenaza real a la existencia individual y colectiva, que hoy más de 13 millones de personas han enfermado en apenas 6 meses. El COVID-19 no es un castigo divino, ni el producto de una conspiración oriental, no es la consecuencia de los errores de un gobierno particular. La enfermedad es el resultado de la interacción entre un virus, animales y los seres humanos. Es pues, un producto de las relaciones ecológicas. El virus nos ha recordado que somos parte de ese conjunto de relaciones hipercomplejas, y en su diversidad y magnitud nos ha enseñado con dureza que era cierta la parábola: el batir de las alas de una mariposa en China, en este caso de un murciélago, creará tempestades al otro lado del mundo. El enorme poder de este virus sobre nosotros radica en que para propagarse y replicarse, utiliza a su favor los dos principales mecanismos de defensa que ha desarrollado la especie humana, estos son: la socialización y el sistema inmunológico. El virus se propaga rápidamente en las poblaciones que no frenan su actividad social. Por otra parte, su potencial letal descansa en generar una respuesta exagerada del sistema inmune a la infección, respuesta que termina dañando al propio organismo del enfermo. Todo el esfuerzo que se hace para contener el avance del virus descansa en cambiar adaptativamente las formas de socialización y en utilizar terapéuticas que modifiquen la respuesta del sistema inmunológico, muy poco éxito se ha tenido en combatir directamente al virus con medicamentos antivirales. Lo dicho anteriormente significa que nuestras respuestas sociales y biológicas determinan el comportamiento del virus en las poblaciones y en los cuerpos de la personas. Por esa razón, cada persona juega un papel fundamental en el control o la diseminación de la pandemia. La conducta y la respuesta inmune de un solo individuo pueden determinar que enfermen miles de personas, que mueran decenas, que miles se queden sin empleo. El Covid 19 nos ha demostrado que nuestros actos conllevan una grave responsabilidad. Esa responsabilidad implica que debemos, no solo por imperativo moral sino por simple supervivencia, dar primerísima prioridad a una práctica olvidada, a una virtud fundamental: cuidarnos y cuidar a los otros, a los demás seres vivos y a las cosas. Si la guía de nuestros actos fuese cuidar, el mundo sería distinto. Si nuestro valor fundamental fuese cuidar, entonces el distanciamiento físico, las cuarentenas, los tapabocas, el lavado de manos, dejarían de ser un castigo para convertirse en un acto de humanidad, de conciencia social, de ciudadanía, de valor, de inteligencia, de vocación de futuro.